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SUPERAR EL PASADO SIN OLVIDAR

Carla Fibla

 

Familias y víctimas de los años de desapariciones, torturas y asesinatos

selectivos de ciudadanos marroquíes acudieron a la invitación oficial del

monarca Mohamed VI, hijo de Hassán, el soberano alauí que había destrozado

sus vidas, y escucharon su discurso. Frente a ellos, el actual rey marroquí

apenas levantaba la vista de su preparada alocución mediante la cual

informaba al pueblo de los resultados de dos años de trabajo de la Instancia

Equidad y Reconciliación (IER).

 

La revisión de la historia contemporánea para instaurar la unidad nacional sobre el perdón, una experiencia inédita en el mundo árabe que pretende emular a la ya vivida en Sudáfrica, comenzó con las reticencias de los más críticos y la desconfianza del resto.

Una vez concluido el proceso, en la calle marroquí, al igual que en la prensa independiente, se equipara la IER a un lavado de imagen más del régimen de la monarquía alauí, en el que además se encubre la actuación actual del poder en la supuesta lucha global contra el terrorismo, con la vigencia de centros secretos de detención, donde se practica la tortura y se han registrado muertes durante los interrogatorios.

En un cuestionado ejercicio de aprendizaje de la historia reciente, la IER sólo está autorizada para documentar y analizar las graves violaciones de los derechos humanos cometidas durante el reinado de Hassán II, padre del actual monarca, que concluyó en julio de 1999.

Pero además, según la valoración de militantes de derechos humanos la actuación y posible repercusión de la IER nació muerta. Durante los meses de trabajo no ha logrado convencer sobre la posible superación de trágicos acontecimientos. La desaparición forzosa o el asesinato es difícil que pase al olvido de los que la padecieron si no hay un compromiso por parte del Estado que garantice que se hará justicia.

La IER no contempló la posibilidad de que las víctimas nombrasen a sus torturadores. El riesgo es que se reconozca el crimen sin asegurar que ciertas personas culpables sean apartadas de sus puestos en la Administración marroquí. Las audiencias públicas en regiones del país donde la represión continúa, como en el Rif (norte del país) o en el Sáhara Occidental (que Marruecos califica como sus “provincias del sur” a pesar de que la comunidad internacional considera que es un contencioso abierto tras el abandono de España del territorio en 1975), fueron masivamente boicoteadas por los ciudadanos. Excluyéndose del “teatro”, de la “farsa” orquestada por el poder central, con el que Marruecos ha logrado convencer a los gobiernos occidentales de que el cambio generacional en la monarquía alauí ha permitido dejar atrás el pasado, a pesar de que se mantiene el mismo régimen dictatorial.

Dirigida por un ex preso político, Dris Benzekri, antiguo presidente del Consejo Consultativo de Derechos Humanos, otro organismo creado desde el Palacio Real para velar por los derechos de los marroquíes siempre que no se cuestione el papel del monarca y de su entorno, el IER está controlado por el suntuoso Mazhen un grupo de poder que influye en la dirección del país por su proximidad al rey. Benzekri se ha esforzado en convencer, sobre todo a sus conciudadanos, de la sinceridad y transparencia de la misión que en diciembre de 2003 le encomendó Mohamed VI. EL resto de miembros de la IER, muchos de ellos también víctimas de la represión de Hassán II, se dedican en la actualidad a hacer campaña en el extranjero, exponiendo con orgullo los resultados de un trabajo de recopilación de hechos bárbaros que en el país magrebí ha sido completamente desacreditado y rechazado por organizaciones independientes de derechos humanos.

 

Borrar el pasado a través de la imposición está demostrándose inútil en Marruecos. La obligación, por orden de la Casa Real marroquí, de que el despótico y cruel reinado de Hassán II desaparezca de la vida de varias generaciones que vivieron durante sus 43 años de reinado, es una tenebrosa utopía en la que sin duda el actual monarca y su entorno de asesores y consejeros reales creen.

Por eso son capaces de organizar un encuentro cara a cara entre la misma monarquía que les arrebató años de vida o a un familiar, y evitan el análisis de las críticas que han manifestado grupos de ciudadanos frente a la sede de la IER en Rabat o las contra-audiencias públicas, organizadas por la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), en las que se invitó a las víctimas discordantes, se permitió nombrar a los torturadores, y se pidió justicia y verdad para descansar y comenzar el camino hacia una reconciliación real, conviviendo con el recuerdo de los seres queridos que sufrieron durante el reinado de Hassán II.

Con casi 17.000 expedientes estudiados, la IER recomienda al Estado que pida perdón a 20.000 víctimas del reinado de Hassán II, reconoce que durante ese periodo se produjeron 600 muertes (una cifra que queda muy lejos de las 3.000 muertes que estiman las asociaciones de derechos humanos del país). En el extenso informe se especifica que 9.280 personas se beneficiarán de una indemnización y que otras 9.000 precisan rehabilitación médica y psíquica.

Mohamed VI aprovechó el aniversario de los 50 años de independencia del país para instar a sus súbditos a olvidar los “fracasos” del pasado y construir un “Marruecos unido, democrático y desarrollado”. Evitando la autocrítica sobre la responsabilidad del régimen que dirigió su padre con mano férrea y que continuó él con un maquillado cambio de imagen, el monarca alauí prescindió de una de las principales recomendaciones de la IER y no fue capaz de pedir perdón a las víctimas de los años de plomo.

 

Muchos marroquíes confirmaron así sus temores. El Estado promovió e instó a la sociedad a prepararse para revisar sus años más negros, impuso sus normas al rechazar que la IER pudiera emprender ninguna acción judicial, y no fue capaz de asumir las controladas conclusiones de un modesto informe en el que se insiste en la necesidad de asumir responsabilidades para que la sociedad sea capaz de pasar a una etapa mejor.

 

“Tengo la certidumbre de que esta reconciliación sincera que hemos conseguido no significa el olvido del pasado, porque la historia no olvida, sino que consideramos que es una respuesta a las Divinas Palabras que dicen: “Perdona de la mejor manera”. Es una reconciliación colectiva, que puede constituir un pilar para la reforma institucional profunda, que puede conducir a nuestro país a deshacerse de los defectos relativos al pasado de los derechos políticos y los ciudadanos [...]”, comunicó el actual monarca alauí frente a las familias y víctimas que al entrar en el Palacio Real ya habían accedido a olvidar.

 

En Marruecos existe una lucha constante entre la imagen del país que se ofrece cara al exterior y la realidad cotidiana. La esperanza que originó el IER apenas duró unas semanas y el resultado final consolida la continuidad con la que el país ha pasado a ser gobernado por un rey más joven pero siempre respetuoso con el ejercicio del poder de su padre. Este planteamiento es el que lleva a muchos marroquíes al pesimismo por lo poco que se ha aprendido de la historia y perpetua el sufrimiento de los que no pueden olvidar.


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